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| Scritto da Antonio J Quesada | |
Me duele España, como le sucedía a Laín Entralgo en sus tiempos más duros (antes de travestir su biografía con su “Descargo de conciencia”), pero cualquiera que me conozca mínimamente sabe que también me duele Italia como si fuera propia.
Desde que Berlusconi volvió a su trono no pasa una semana sin que se produzca alguna vuelta de tuerca retrógrada en el campo que sea en nuestra amada Italia. Ahí está el hombre, pian piano, trabajando día a día para ir desmontando pasito a pasito medidas democráticas y de progreso. La criminalización de los inmigrantes, el desprestigio de la mujer italiana con comentarios machistas, la modificación de leyes para blindar al propio Berlusconi, la utilización de métodos mafiosos, la nueva hornada de neofascistas del gobierno, todo eso. Esta semana se han producido un par de detalles que quiero comentar: uno muy llamativo y preocupante, y el otro simbólico, pero no menos importante. Comenzaré por el detalle simbólico, que a los poetas nos gusta eso de empezar con los símbolos: una reproducción del cuadro La Verdad desvelada por el Tiempo, ubicada en la sede del Gobierno italiano en Roma, ha sido retocada para cubrir con un velo el seno desnudo de uno de los personajes femeninos. El cuadro está situado en la sala de prensa de la sede del Gobierno, detrás de la mesa donde Silvio Berlusconi y sus ministros rebuznan sus ruedas de prensa. No sé qué pensaría el gran Tiepolo de este retoque en la reproducción de su obra, pero supongo que se habrá removido en su tumba, si es que existe Más Allá (si existe, en cualquier caso debe estar cerca de Roma, aunque no demasiado cerca del Vaticano ni del Palazzo Chigi). Según parece, el retoque ha sido iniciativa de algún puritano miembro del equipo del presidente de Gobierno que cuida de la imagen de Berlusconi (ahí es nada…). Según el subsecretario de la presidencia, Paolo Bonaiuti, el motivo es que algún telespectador “pueda ver herida su susceptibilidad” al ver un pecho desnudo. ¡Qué pureza virginal tan admirable! ¡Qué doble moral tan acentuada! Quizá Berlusconi debiera empezar por tapar a las chicas florero que tanto abundan en Canale Cinque y demás televisiones de Mediaset, antes de meterle mano a las obras de arte, que siempre es mala política. En fin, para qué detenerme más en esto: Berlusconi sí que hiere mi sensibilidad, y nadie le pone un velo a él. Será para no parecer musulmán, claro, y no tener que verse obligado a expulsarse a sí mismo de Italia. La segunda noticia es una traca de las buenas: tres mil militares vigilan las calles italianas, especialmente centros de inmigración y otras zonas vulnerables, dentro del plan diseñado por el Gobierno para combatir el crimen y la violencia. Pero no crean que esto va contra la Mafia y sus sucedáneos napolitano y calabrés, no: se va contra los inmigrantes, principalmente, es el mensaje de siempre. Es algo parecido a lo que vivimos en la Marbella de Gil, ¿recuerdan? Regalar la zona a los grandes delincuentes desalojando a los pequeños rateros. La derecha redistribuye siempre hacia arriba, no sé de qué nos sorprendemos. Algunas gentes comentan estar más seguros en Anagnina o San Giovanni in Laterano, aunque en Roma las tropas no se acercarán a los lugares más turísticos, pues “al turismo, una sonrisa” (lo ha decidido el alcalde de Roma, el neofascista Alemanno, el que colgó la camisa negra a mediados de los años noventa y lleva siempre a su cuello esa cruz céltica que tanto gusta a los ultras). Cerca de los monumentos sí puede haber inmigrantes, ¿quién, si no, te va a vender las figuritas, el agua, el panino, etc.? A todo esto, el Ministro de Defensa, Ignazio la Russa, está encantado, claro: con las tropas luciendo cojones por las calles, el hombre no cabe en sí de gozo. Tipo curioso, este la Russa: con aspecto de mago perverso o de malo de película (lo sacan en la versión italiana de Los Simpson, incluso) fue miembro del tenebroso Movimiento Social Italiano hasta 1995 (partido por el que su padre fue senador), año en que los misinos se maquillaron, travistiéndose en Alleanza Nazionale. Actualmente es el presidente del Partido, su Duce. Licenciado en Derecho, fue abogado en casos con tintes políticos, siempre del lado negro y antidemocrático de la política en Italia, y en la web del Gobierno italiano alardea de su compromiso con temas como la seguridad de los ciudadanos, la inmigración, la reducción de la carga fiscal o la tutela de la identidad nacional. Vamos, más o menos todo eso que aquí pregona el PP, pero all’italiana. Como sus homólogos españoles, se envuelve en la bandera nacional frente a la izquierda, a la que también presenta como antipatriótica, separatista, inútil, malévola, anticatólica, amiga de terroristas, antidemocrática y todo eso que siempre dicen estos. Es necesaria la memoria histórica, esa por la que los de siempre te llaman resentido y no sé qué más. Si nos detenemos a recordar al actual Ministro del Ejército italiano en sus tiempos gloriosos, sabremos que era de aquellos jóvenes fascistas que en los años setenta merodeaba por Piazza Euclide, en el Parioli romano, con un pastor alemán y una porra en el bolsillo, y organizaba expediciones punitivas contra los rojos de cualquier tendencia. Antes mandaba a unos cuantos escuadristas negros, ahora manda un Ejército de la OTAN: conclusión, el hombre ha progresado en la vida. Por otra parte, como es de bien nacidos ser agradecidos, fue uno de los asistentes al entierro de Romano Mussolini, el último hijo de Don Benito, y además es fiel a sus colores de fútbol: interista acérrimo, no hace mucho le preguntaron si no le dolía que su equipo jugara en más de una ocasión sin alinear a un solo italiano. La respuesta habla por sí sola: “Con tal de que ganen, pueden ser todos extranjeros, negros y comunistas”. Le faltó meter a los maricones de por medio, que es otro colectivo polémico para los ultras, pero con ellos no podía haber problema, pues ya dijo Luciano Moggi, gran sociólogo y hombre honrado donde los haya (todo un experto amañando partidos, con más de mil llamadas telefónicas al día), que en el fútbol no hay homosexuales. Como en Irán… Resumiendo, que Italia tiene a un fascista al frente de su Ejército, y no es un insulto, sino una calificación meramente descriptiva. Y ese Ejército ronda las calles para que los inmigrantes no se pasen de listos y no haya que mandarlos de vuelta a su puta casa, de donde nunca debieron salir, según parece. Carisima Italia: dove vai con tutti questi? Mamma mia, che casino!!
Antonio J Quesada Articolo tratto da Diario La torre
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